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Verdaderamente curiosa esta nueva epoca donde el credito es ilimitado (para algunos), y la inflacion baja por la nula capacidad de consumo (para casi todos).
Desde entonces NADIE SALVO YO ha hablado del TTIP en este hilo, porque nadie tiene nada que decir, aparte de magufadas sacadas de blogs de tercera y comentarios xenófobos y antiamericanos que dan mas vergüenza que risa.
Hasta que llegó tu falta de educación, estaba siendo una conversación bastante amena. Un poco repetitiva y desigual (uno solo argumentando más que 3 o 4 ) pero bastante entretenida.
Si te resulta interesante, participa en el debate.
En 3 líneas desmonté las críticas al TTIP: - La privatización la realizan los políticos- La democracia parlamentaria es representativa- Una tramitación de directiva europea no puede ser secreta ( +300 parlamentarios, entre ellos Pablemos)Desde entonces NADIE SALVO YO ha hablado del TTIP en este hilo, porque nadie tiene nada que decir, aparte de magufadas sacadas de blogs de tercera y comentarios xenófobos y antiamericanos que dan mas vergüenza que risa.
Lo que está sucediendo es que nos están sometiendo a un proceso de *saqueo* CALCADO, a los procesos neoliberales que practicaron con latinoamérica con la excusa de la "crisis de la deuda" desde los 70, 80 y 90
O aportas pruebas de que los foreros aludidos no se preocupaban de la calidad de la democracia en 2004, justificando tu crítica, o estás mintiendo flagrantemente.
Quien está negociando el TTIP es la comisión europea, no el parlamento europeo. Ese parlamento europeo – en el que están los eurodiputados elegidos por los ciudadanos de los distintos países – está totalmente al margen del TTIP hasta el momento de ratificar, o no, el acuerdo comercial negociado por la Comisión.
Cita de: Saturio en Junio 27, 2014, 12:22:35 pmCita de: Mad Men en Junio 27, 2014, 12:02:29 pmEs que además de un bien necesario, la vivienda también es la principal inversión que hace la gente de este país, ya sea para especular, o porque simplemente no saben invertir en otros campos, como la bolsa. Inversión típica en España Plazo fijo + Inversión inmobiliaria. La Constitución puede decir lo que quiera, pero en un sector liberalizado como la vivienda es imposible garantizar un pisito digno a todo el mundo.Se nos tiene que meter en la cabeza que "la gente" no puede ni debe invertir.Que el proletariado invierta es una aberración que, lógicamente contiene un engaño y una estafa.El trabajador de mono o de corbata, lo único que tiene es su trabajo y de lo que tiene que preocuparse es de que su trabajo reciba la porción justa y equilibrada de las rentas que ayuda a generar. Cuando los trabajadores se han olvidado de esto y se han puesto a pensar en cuanto renta el pisito o las acciones o la licencia del taxi o cuanto sacarán del traspaso del bar, cuanto se ha revalorizado el plan de pensiones...Pero claro, ha convenido que la gente se despistara. Y sigue conviniendo.Porque un trabajador no puede ser un inversor?
Cita de: Mad Men en Junio 27, 2014, 12:02:29 pmEs que además de un bien necesario, la vivienda también es la principal inversión que hace la gente de este país, ya sea para especular, o porque simplemente no saben invertir en otros campos, como la bolsa. Inversión típica en España Plazo fijo + Inversión inmobiliaria. La Constitución puede decir lo que quiera, pero en un sector liberalizado como la vivienda es imposible garantizar un pisito digno a todo el mundo.Se nos tiene que meter en la cabeza que "la gente" no puede ni debe invertir.Que el proletariado invierta es una aberración que, lógicamente contiene un engaño y una estafa.El trabajador de mono o de corbata, lo único que tiene es su trabajo y de lo que tiene que preocuparse es de que su trabajo reciba la porción justa y equilibrada de las rentas que ayuda a generar. Cuando los trabajadores se han olvidado de esto y se han puesto a pensar en cuanto renta el pisito o las acciones o la licencia del taxi o cuanto sacarán del traspaso del bar, cuanto se ha revalorizado el plan de pensiones...Pero claro, ha convenido que la gente se despistara. Y sigue conviniendo.
Es que además de un bien necesario, la vivienda también es la principal inversión que hace la gente de este país, ya sea para especular, o porque simplemente no saben invertir en otros campos, como la bolsa. Inversión típica en España Plazo fijo + Inversión inmobiliaria. La Constitución puede decir lo que quiera, pero en un sector liberalizado como la vivienda es imposible garantizar un pisito digno a todo el mundo.
Porque un trabajador no puede ser un inversor?
Nora, yo creo que cuando se pide un referéndum en esta fase se hace desde la más absoluta de las ignorancias. Lo cual no tiene mayor importancia, sino fuera porque desde esa ignorancia se pretende cambiar el mundo y su funcionamiento.Como las críticas vienen principalmente de sectores que me consta saben de lo que hablan (círculos de Podemos, entre otros) no me queda mas remedio que razonar que lo hacen con la intención de desestabilizar y arañar votos entre los descontentos y los nazionalistas, que se ven amenazados por otras culturas.Los sindicatos alemanes están bastante de acuerdo con el TTIP, ya que las marcas y factorías alemanas tendrán menos trabas a la exportación. Pero eso es algo que los autoproclamados defensores del populacho español están dispuestos a omitir, con tal de ganar 4 votos más entre el lumpen.Yo participé en las rondas consultivas para la redacción de un reglamento técnico con rango de ley, en el seno de una asociación profesional. Como los políticos no saben de cuestiones técnicas, reunen a empresas del sector, asociaciones de profesionales, expertos, y en general cualquiera que tenga algo que ver con el tema en cuestión.ESO SON LAS RONDAS DE NEGOCIACIÓN en las que los interesados van presentando sus propuestas, ideas y comentarios. Es una fase muy larga en la que hay cientos de reuniones a nivel nacional, por zonas, etc.Y esas rondas no es que no sean democráticas. Es que no hay nada que votar.
Cualquiera ha posteado más información del TTIP que tú que no has posteado un sólo enlace, cualquiera. Haz resumen.
Lo siento Chosen, pero es que no entiendo tu post.
Estoy de acuerdo con CHOSEN en que lo gordo del descontento proviene del malestar económico, sin más. Este malestar seguiría aunque por arte de magia ahora alcanzáramos un sistema de gobierno fantástico, porque el estado de la economía no se va a arreglar de un día para otro independientemente del sistema de gobierno que pongamos. El pufo es inmenso.Este malestar se está intentando galvanizar por unos y por otros para sacudir un poco el orden establecido. Veremos si para bien o para mal. Son las circunstancias que hay y es lógico que se intenten aprovechar, y que todos tengamos que adaptarnos a ellas. Todo dentro de lo normal.Por poner un símil, mirad lo que pasa con las "primaveras árabes" porque tienen más en común con España de lo que parece:- juventud desocupada, con estudios sin salida en el mismo país, sin esperanza de futuro- aumento del coste de la vida muy por encima del aumento salarial, de los que tienen la "suerte" de trabajar- búsqueda de enemigos y "culpables" de la situación, a pesar de haber estado toda la sociedad calladita y contenta durante el crecimiento con ese mismo sistema- el desempleo máximo coincide con la época de mayor porcentaje de población en edad laboral (verás cuando estos se hagan viejunos, cómo van a acabar - esto va por España también)Y dentro de las primaveras árabes el caso de Egipto me parece el más interesante. Más que nada porque independientemente de lo que se haga, el hostión económico del país es completamente inevitable. Esto no hay democracia que lo arregle:Pero claro, esta gente piensa que quitando a uno y poniendo a otro va a devolver la prosperidad de tocar a tropecientos barriles por persona-año. O que de repente los millones de cabreros empleados de la construcción egipcios se van a convertir en cirujanos e ingenieros y van a montar 20 Silicon Valleys. No parece muy realista.Ojito que, además, la "lección" para mucha de esta gente es que tienen que volver al "islam real". Al final va a resultar que luchar contra el sistema allí les va a llevar a Guatepeor.En España no tenemos un caso TAN radical, pero lo cierto es que la burbuja inmobiliaria se ha terminado, y sin burbuja no va a fluir tanto la pasta como con burbuja, por mucha democracia que haya. Las mejoras económicas reales y los cambios sociales profundos tardarían mucho más tiempo. Hay "crisis" para rato.
Resident: yo hablo de Podemos, de IU y del PPSOE cuando y donde me da la gana
CitarO aportas pruebas de que los foreros aludidos no se preocupaban de la calidad de la democracia en 2004, justificando tu crítica, o estás mintiendo flagrantemente.He escrito "en 2004 nadie se preocupaba de la democracia" y tu me insultas porque te lo has tomado en sentiro literal (nadie, ninguno) cuando eso es una sinécdoque que se estudia en EGB.
Cameron versus the Spitzenkandidaten
British voters are going to the polls in European (and local) elections today. The results will emerge on Sunday evening, because other parts of Europe vote tomorrow and on the weekend. When they do, much will be said about what they mean for the party leaders and the general election next year. Lots of this will be nonsense. European elections are a poor guide to domestic politics. The low turnout, the regional list system and the opportunity to cast a protest vote can distort parties' relative strengths (together, the BNP and UKIP obtained 22.9% of the vote in 2009, which crumbled to 5.0% in the British parliament election the following year). Most have already priced this in. Even notably truculent Tory back benchers have agreed not to make a fuss when the party does badly, as it surely will.But more so than at any previous European election, the overall EU-wide result and its immediate fallout will affect Westminster. Britons have (unwittingly) been voting in something resembling a European presidential election. In a dubious attempt to make the EU more democratic, the main political groups in the European Parliament have decided to promote "lead candidates" (most use the German term, Spitzenkandidaten) for the presidency of the powerful European Commission. The idea is that by voting for a member party of a particular group, voters can express their support for one of these candidates and thus send a message to national governments, who are obliged by the Lisbon Treaty to take the result of the election into account when they appoint the new Commission.If British voters are unaware that their votes may be interpreted as such, this is partly because all of the four main parties have kept quiet about this dimension. For the most part the Spitzenkandidaten played ball; they criss-crossed the continent to meet Europe's voters but generally steered clear of Britain (as this nifty spreadsheet shows). Why the silence? Both Labour and the Liberal Democrats sit with keen integrationists, so their Spitzenkandidaten are electoral liabilities (Labour refused to back Martin Schulz and begged him not to visit the country during the campaign). The Conservatives and UKIP, too, have cause to avoid the issue. Neither has a Spitzenkandidat, but both are marginalised in the European Parliament, sitting in small groups with parties whose illiberal views may unsettle voters back in Britain.Silence, however, does not mean insignificance. As Charlemagne argues in this week's issue, "Several leaders, including Angela Merkel, the German chancellor, have more or less endorsed Spitzenkandidaten, and few have criticised the idea openly." The party that wins the largest number of seats in the European Parliament will therefore have a decent shot at levering its man into the Commission presidency (especially if that party has strong lead). This will be either the European People's Party or the Party of European Socialists—meaning that, if the Spitzenkandidaten system works, either Mr Schulz or Jean-Claude Juncker will take Europe's top job. Either would be catastrophic to David Cameron's attempts to persuade Britons to support continued EU membership.For that reason, Mr Cameron is preparing to lobby hard for a non-Spitzenkandidat appointment. In March he met his preferred candidate, the Danish prime minister Helle Thorning Schmidt, to discuss the Commission presidency. Other names more acceptable to the British government include Jyrki Katainen of Finland, Enda Kenny of Ireland and—as The Economist has previously argued—Christine Lagarde of France. Watch the pan-European result announcements on Sunday night, and the manoeuvres in their immediate aftermath, for a sense of whether the Spitzenkandidaten system will hold and, if not, which alternative candidate will succeed. The force with which the candidate of the winning group asserts his claim to the presidency and the support that he receives from influential European leaders in doing so will be particularly revealing.That all this is such a headache for Mr Cameron is, funnily enough, a product of his recent success. The Conservatives' polling fortunes have improved relative to those of the opposition Labour Party in the past months. As the possibility of another Tory-led government grows, so too does that of an in-out referendum on Britain's EU membership. Even if the party fails to win a majority, Mr Cameron has said, this would be a red line in any further coalition negotiation. A federalist or left-wing president of the European Commission would greatly impede the prime minister's attempts to persuade senior figures in his own party, let alone ordinary Britons, to vote to remain in the EU in such a plebiscite. It is no exaggeration to say that if the Spitzenkandidaten system succeeds, the chances of the Conservative Party surviving, intact, until the next European election in 2019 will be drastically lower than if it does not. Come Sunday night, then, look not at domestic results but beyond the English Channel for a glimpse of Britain's political future.
David CameronVerified account@David_CameronI've told EU leaders they could live to regret the new process for choosing the Commission President. I'll always stand up for UK interests. Reply Retweet Favorite MoreRETWEETS298FAVORITES155
There are no winners in the quarrel about the next head of the European Commission. Britain’s David Cameron is courting humiliation; Germany’s Angela Merkel is backing the wrong candidate for the wrong reasons; and the commission will get a president unequal to the task. As for the citizens who railed against the political elites in elections for the European Parliament, well, the shabby deal now taking shape promises vindication. Sometimes you really have to struggle to make the pro-European case.Those searching for a theological message in the expected choice of Jean-Claude Juncker as president of the commission will be disappointed. Sure, the former Luxembourg prime minister is an old-fashioned federalist, but that is nothing to get excited about. The days when Jacques Delors could turn the commission into an engine of integration have long gone.No, forget visions of Europe’s future. The argument has all been about competing national politics. And, put bluntly, the dynamics of the EU dictate that Ms Merkel’s politics trump Mr Cameron’s. If there has been a surprise, it is the ruthlessness with which the German chancellor has subordinated her oft-declared Europeanism to some pretty tawdry horse-trading designed to get herself out of a domestic fix.Whatever questions the EU asks itself after last month’s elections (and they should all be about growth, jobs, and competitiveness), the choice of Mr Juncker is not an answer. I say this without personal animus. He knows the Brussels machinery. By all accounts, he is an accomplished dealmaker, though it is a commonplace observation among diplomats that he drinks too much.Mr Juncker is the wrong choice because the facts of Europe, and of the world, have changed. If the EU is to regain its balance, it has to turn the eurozone into a monetary union that is at once politically sustainable and structurally robust. It also needs someone who can mediate the debate about British membership if Mr Cameron wins the 2015 general election. Mr Juncker is anything but a moderniser; and he is not at all trusted by the British.After some aggressive lobbying by Berlin, Mr Juncker now has the tacit backing of most EU leaders. Yet it is an open secret that few see him as an ideal candidate. In a secret ballot of the European Council he would struggle to secure a handful of votes. Were Ms Merkel assured of the seal of the confessional, she too would probably cast her vote elsewhere.Mr Juncker is the frontrunner because of a power grab by the parliament. The treaties say the president is chosen by governments with the consent of MEPs. The latter are turning this on its head. They insist governments appoint the candidate of the largest party in Strasbourg. Mr Juncker is the so-called Spitzenkandidat of the centre-right European People’s party. Claims that this is about bestowing democratic legitimacy on the process are, to put it mildly, hogwash. The commission is to become a creature of the parliament.Ms Merkel had thought the Spitzenkandidat could be quietly sidelined. Not so long ago she sent out reassuring signals to that effect. But domestic politics intruded. She underestimated support for Mr Juncker within her own Christian Democrat Union, and was caught off guard by the media reaction when she mused about alternatives. She also has to square her Social Democrat coalition partner.The result is an, albeit still tentative, three-way backroom deal that gives Mr Juncker the commission job, assures the SPD’s Martin Schulz of another term leading the European Parliament and leaves with Ms Merkel the appointment of Germany’s vice-president at the commission. You could call this tawdry; or you could say it reflects the brute reality of German power. Both, it seems to me, are true.As for Germany’s EU partners, they have not been given a choice. The political priority of France, Spain, Italy and others in the eurozone is to secure Berlin’s consent to a watering down of the single currency’s fiscal rules. This is not the time, they have been reminded by the chancellor’s aides, to defy her on the question of who runs the commission.Old hands in Brussels say it was ever thus. The top jobs have always been filled through political trade-offs. This time, though, at least one European diplomat has been reminded of the depths plumbed by politicians in France’s ill-fated fourth republic. I am probably naive, but I imagined Ms Merkel had a slightly loftier view of the worth of European institutions.All this leaves Mr Cameron isolated at next week’s EU summit. Most will have little sympathy with the prime minister. His European policy has been shaped by efforts to manage his own party rather than the pursuit of Britain’s national interests. By stepping back from the EU, he has wilfully surrendered his own leverage. The promise of a referendum on Britain’s membership was a shallow tactical manoeuvre that could yet turn into a strategic catastrophe. For all the EU’s flaws, Britain is better off in than out.That said, on Mr Juncker the British prime minister is right. Not because the prospective president will turn the EU into a United States of Europe, but because his candidacy speaks to the head-in-the-sand view of the world that has landed the continent in so much trouble. Overruling Mr Cameron on this will arm eurosceptics and, just possibly, tip the balance further towards Britain’s exit. Either way it will be bad for Europe. Ms Merkel still has time to change her mind.philip.stephens@ft.com